#BuenosDías😊 Una mañana de 1629, Joan Norkot apareció degollada en su casa de Hertfordshire. Además de la víctima y su hijo pequeño, bajo el mismo techo vivían su marido, su suegra, su hermana y el marido de esta, quienes declararon que la muerte de Joan se debía a un suicidio.
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Pero las pruebas no indicaban que hubiera sido un suicidio, sino más bien un asesinato. El jurado solicitó al juez la realización de la “prueba del tacto”. Se creía que el cuerpo de la víctima de un asesinato reaccionaría de alguna manera al contacto de su asesino.
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Treinta días después de haber sido sepultado, se exhumó el cadáver y los familiares fueron instados, uno por uno, a tocar el cuerpo. Según los testigos, este comenzó a sudar y adquirió un tono sonrosado, como si la sangre volviese a fluir por sus venas.
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Entonces, abrió un ojo y lo volvió a cerrar, repitiendo el guiño tres veces, a la vez que les apuntaba con su dedo índice y lo volvía a retirar. Finalmente, regresó a su estado anterior, dejando a todos los presentes entre estupefactos y aterrorizados.
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A pesar de la espectacularidad de los resultados, no bastaba para condenarlos, pero sí para abrir un juicio y sentarlos en el banquillo. Aunque en este primer juicio fueron absueltos, este se repitió tras la apelación del hijo de Joan, y esta vez se descartó el suicidio.
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Todo parecía apuntar a los acusados como autores del crimen o, al menos, como encubridores. El marido, la suegra y la hermana de la víctima fueron declarados culpables y condenados a muerte, a pesar de sus protestas.
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Más tarde, el cuñado fue absuelto y, finalmente, la mujer más joven se libró de la horca por estar embarazada.😅 #MisteriosSinResolver

9:46 AM · Oct 23, 2021

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Replying to @martaljnb
Vaya historia!!! 😱😱
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😊😊😊😊
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